Introducción
En entornos hospitalarios y quirúrgicos, la negativa a recibir transfusiones de sangre plantea retos clínicos y médico-legales que no se resuelven con intuición, sino con protocolos, documentación y comunicación estructurada. Este escenario se presenta con frecuencia en pacientes Testigos de Jehová, quienes —según guías clínicas— suelen rechazar sangre alogénica y componentes primarios, aunque ciertas fracciones o hemoderivados pueden quedar a decisión individual y deben acordarse caso por caso.
En Ecuador, el marco normativo exige que la aceptación o negativa para transfusión conste por escrito, con una excepción relevante: urgencia o emergencia.
Recientemente, voluntarios especializados que forman parte de los Testigos de Jehová, participaron en una charla formativa junto a Cazar|Pesántez Abogados abordando alternativas clínicas y su encuadre dentro del derecho ecuatoriano.
Contexto y problema
1.1. Por qué este tema importa (clínica + responsabilidad)
En la práctica, la tensión aparece cuando confluyen: riesgo vital o hemorragia perioperatoria; límites terapéuticos autoimpuestos por el paciente; y, presión asistencial (guardias, emergencias, falta de tiempo). Una decisión mal documentada o una comunicación incompleta puede derivar en reclamos, auditorías internas, conflictos con familiares y exposición penal/administrativa, incluso si el equipo actuó de buena fe.
1.2. Marco normativo ecuatoriano: autonomía y formalidades mínimas
Dos ejes son clave:
Constitución: reconoce derechos vinculados a integridad personal y decisiones informadas sobre la salud, lo que sirve de base a la autonomía del paciente en contextos clínicos.
Ley Orgánica de Salud (LOS), en su Art. 77: dispone expresamente que la aceptación o negativa para transfusión “debe realizarse por escrito” por el receptor o su representante, exceptuándose los casos de “emergencia o urgencia”. Lo dicho se aplica a nivel de gestión clínica, el Modelo de Consentimiento Informado (A.M. 5316) del Ministerio de Salud Pública.
Desarrollo / análisis
2.1. “Rechazo a transfusión” no significa “rechazo a toda alternativa”
Guías de práctica señalan que, aunque ciertos pacientes rechazan componentes primarios (p. ej., glóbulos rojos, plasma, plaquetas), existen áreas de decisión individual (por ejemplo, algunos derivados como albúmina o factores de coagulación), lo que exige una conversación específica y documentada sobre qué acepta y qué no acepta cada paciente.
2.2. Estrategias clínicas que suelen emplearse para reducir/evitar transfusión
Sin sustituir protocolos institucionales, la literatura y guías sobre “bloodless medicine” describen un enfoque por fases:
Preoperatorio (optimización): diagnóstico y corrección agresiva de anemia (p. ej., hierro, folato, B12 y, en ciertos casos, agentes estimulantes de eritropoyesis), además de evaluación de coagulación y planificación anticipada.
Intraoperatorio (control de sangrado): técnicas meticulosas de hemostasia, uso de agentes hemostáticos (p. ej., antifibrinolíticos como ácido tranexámico, según indicación), y técnicas de conservación sanguínea como hemodilución normovolémica aguda o recuperación de sangre (cell salvage) cuando sea clínicamente apropiado y aceptado por el paciente.
Postoperatorio (tolerancia a anemia + vigilancia): minimizar extracciones, monitorizar sangrado, tratar causas de coagulopatía y priorizar recuperación hematológica.
Este abordaje se apoya en equipos interdisciplinarios y planificación sistemática; incluso revisiones en cirugía cardiovascular describen resultados viables cuando se aplican medidas pre/intra/post-operatorias bajo un plan estructurado.
2.3. Gestión médico-legal: el “cómo” se decide es tan importante como el “qué” se decide
En Ecuador, el punto de quiebre suele estar en:
Calidad del consentimiento informado (claridad, riesgos, alternativas, consecuencias de rehusar).
Trazabilidad documental (formularios, notas médicas, acuerdos específicos sobre hemoderivados/alternativas).
Escenarios de urgencia/emergencia (aplicación correcta de la excepción del art. 77 LOS y soporte clínico de la decisión).
En menores de edad, el Modelo A.M. 5316 desarrolla reglas de suscripción por representantes y criterios operativos; por ello, la capacitación previa del equipo reduce el riesgo de improvisación.
Recomendaciones prácticas (para clínicas, hospitales y defensa profesional)
Implementar un “paquete de admisión” para rechazo de transfusión, con:
– consentimiento específico,
– checklist de alternativas aceptables/no aceptables,
– hoja de verificación de capacidad/representación.
Estandarizar la conversación clínica:
– riesgos relevantes,
– alternativas disponibles en la institución,
– consecuencias de rechazar transfusión,
– constancia escrita y firma.
Activar una ruta institucional temprana (no en plena crisis):
– anestesia, cirugía, hematología/medicina transfusional, UCI, asesoría jurídica y comité de ética (si aplica).
Adoptar prácticas de “patient blood management / bloodless medicine” que benefician a muchos pacientes, no solo a quienes rechazan transfusión (optimización de anemia, minimización de pérdidas iatrogénicas).
Capacitación conjunta médico-legal (clínicos + abogados):
– lectura práctica del art. 77 LOS (regla general y excepción),
– gestión de riesgo penal/administrativo,
manejo de conflictos con familiares y comunicación en crisis.
Conclusión
La negativa a transfusiones —por convicción personal o preferencia terapéutica— exige preparación: protocolos, consentimiento informado robusto, alternativas clínicas razonables y documentación impecable.
En Cazar|Pesántez Abogados acompañamos a clínicas y profesionales de la salud con capacitaciones in-house, revisión de formatos de consentimiento, diseño de rutas internas y entrenamiento de respuesta ante eventos críticos, integrando criterios clínicos y exigencias del derecho ecuatoriano.
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